En la actualidad, el interior de la capilla aparece desnudo y vacío,
pero hasta la pasada Guerra Civil estaba amueblado con un retablo de
alabastro de la escuela inglesa que
Fortunato de Selgas reprodujo en su artículo sobre los monumentos de Avilés (1907) y
Aurelio de Llano fotografió para sus Bellezas de Asturias (1928).
Además, para su estudio disponemos también de dos fotografías realizadas
en 1918 y custodiadas en el
Instituto
Amatller de Arte Hispánico (Archivo Mas) que permiten una buena
aproximación a la obra.
El conjunto se componía de siete paneles de alabastro dedicados a
los Gozos de María, donde se representaban en bajorrelieve y de
izquierda a derecha: Santa Catalina, la Anunciación de la Virgen, la
Epifanía (Adoración de los Magos), la Resurrección de Cristo, la
Incredulidad asuncionista de Santo Tomás, la Coronación de la Virgen y
Santa Margarita. Cada una de las piezas se ensamblaba con la adyacente
mediante marcos de madera y juntas configuraban un frontal vinculado
temáticamente con la dedicación de la capilla.
Estos retablos se realizaban en Inglaterra, donde desde la segunda
mitad del siglo xiv se alcanzó una producción seriada en talleres
radicados en Londres, York y Nottingham. Su carácter industrial
provocaba una factura sumaria que se enmascaraba mediante la pintura que
cubría toda la superficie de las piezas, pero la multiplicación de
modelos similares reducía los costes y permitía la venta a menor precio.
En consecuencia, los paneles de alabastro ingleses se difundieron
rápidamente por toda el área atlántica apoyados también en las reducidas
dimensiones de las piezas que facilitaban su traslado, en la
posibilidad de combinarlas de forma más o menos arbitraria y en la
escasez de tallas autóctonas de semejante empeño en el norte cantábrico.
Las escenas de la capilla de los Alas, ya estudiadas por el
investigador Pedro Paniagua, muestran la misma ejecución formularia y la
tendencia a la ordenación que caracteriza a los alabastros ingleses y
que facilita la comprensión de varios asuntos sin dificultad. El retablo
avilesino parece relacionado estrechamente con una pieza procedente de
la parroquia de Miudes (El Franco) y custodiada en el Museo de la
Iglesia de Oviedo, donde se ilustra la Coronación de la Virgen e
incredulidad asuncionista de Santo Tomás. En los Alas figura también una
Incredulidad asuncionista, aunque la Virgen ya está coronada, y todas
las piezas podrían datarse, según la periodización en cuatro grupos
establecida por Gardner, en el grupo tercero que abarca de 1420 a 1460.
En este momento la industrialización había aumentado impulsada por una
demanda creciente y había provocado una mayor simplificación de los
paneles. Además, es el momento en que desaparecen los remates almenados
de etapas precedentes y se adoptan las tracerías caladas que aparecen en
la obra avilesina.
Durante la pasada Guerra Civil la capilla de los Alas sufrió graves
destrozos y su retablo desapareció. José María Serrano, que efectuó un
amplio inventario de las iglesias y obras de arte destruidas durante el
conflicto, escribió en su informe que el retablo había sido destruido,
fiándose, probablemente, de testimonios orales:
“En el interior, completa y brutalmente destruido y deshecho, losas
sepulcrales del siglo xv, a cuya centuria pertenecía también el
hermosísimo retablo compuesto de menudos relieves de alabastro, dorado y
policromado, distribuidos en siete cuadros que representaban a Santa
Catalina, la Anunciación, la Adoración de los Reyes Magos, la Ascensión,
la Asunción, la Coronación y una imagen de un santo, que algún
arqueólogo consideraba importación inglesa ha sido materialmente
pulverizado a golpes” (SERRANO, José María, “Número y valor de los
museos y obras de arte destruidos. Iglesias, conventos y capillas
destruidas”).
Sin embargo, algún tiempo más tarde,
Luis
Menéndez Pidal se mostró más escéptico acerca de la hipotética
destrucción de la obra, pues no fue hallado fragmento alguno de la
misma:
“La Capilla de los Alas fue profanada durante el dominio rojo,
rompiendo las arcas de los sepulcros con otros detalles y labores de su
interior, no habiendo sido incendiada por no tener materiales
combustibles y estar cubierta con bóveda de crucería construida en
piedra. El retablo, de alabastro, dicen que fue machacado, aunque no se
ha podido comprobar tal supuesto, ya que no apareció en el interior de
la Capilla resto alguno que viniera a justificar la explicación
conocida.” (
MENÉNDEZ
PIDAL, Luis , Los monumentos de Asturias, p. 98).
Otros autores, como Ángel Garralda, Enrique Tessier, Francisco de
Caso y Pedro Paniagua, han insistido en la posibilidad de que la pieza
hubiera sido sustraída y hoy permanezca en paradero desconocido.